Cuando un bebé llega a una familia y alguien decide dedicarse al cuidado de la infancia, lo hace desde el mismo lugar: el amor.
Porque educar es un acto profundamente amoroso.
Sin embargo, la realidad del día a día, el cansancio, la desinformación y la desconexión, nos va alejando de esto, nos lleva a no reconocernos, a reproducir todo lo que hicieron con nosotros/as y que algún día juramos no repetir.